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Un sábado preparando filloas

Miércoles 7 de febrero de 2017

Uno de nuestros objetivos, y casi una obsesión, es recuperar aquellas tradiciones de toda la vida que hoy en día están desapareciendo debido, sobre todo, al éxodo rural. Artes como la elaboración de cestos, sombreros “San Cosmeiros”, jabón casero... se están perdiendo, y es una pena porque constituyen una parte importante de la cultura gallega de la que tan orgullosos nos sentimos en Do Artesanato.

Aprovechando este fin de semana de temporal, nos juntamos con unos cuantos amigos para llevar a cabo una de estas actividades, contribuyendo modestamente a que perdure, y preparamos unas ricas filloas.

Cada maestrillo tiene su librillo

Filloas

Y es que no hay una única forma de preparar filloas, empezando por la superficie donde se elaboran y acabando por la propia receta.

En la zona de Outes es tradicional hacer las filloas sobre una piedra calentada con leña. Esto hace que, no sólo el mero hecho de hacer el producto sea un arte, sino que también lo es conseguir y mantener el calor necesario para que la filloa salga en su punto perfecto y la piedra no se destemple. El destemple de la piedra puede ocasionar el estallido de la misma, además de disminuir la calidad y sabor del producto, por eso es tan importante controlar la temperatura. Y creedme, no es nada fácil.

En otras zonas, como Santiago de Compostela y alrededores, se hace de forma diferente. Se utiliza una sartén o una sartaña (en la que se pueden hacer varias a la vez) metálicas y normalmente, no siempre, con hornillos a gas butano.

La receta

Filloas

Tampoco hay una única receta para la elaboración de estas delicias. En esta entrada os vamos a contar la nuestra:

En primer lugar, en un recipiente grande se echan 16 huevos, a los que se le añade 1,5 kg de harina blanca. Se mezcla con una batidora, a la vez que se añaden poco a poco 15 litros de agua y 30 gramos de sal. Cuando sale la primera filloa se puede ajustar el punto de sal de la mezcla, tradicionalmente llamada moado. En caso de estar sosas se le añadirá un poco más de sal y, si por el contrario están muy saladas, incorporaremos a la mezcla algo más de agua.

La verdad es que pasamos un sábado diferente, todos alrededor del fuego, charlando, jugando a las cartas, bebiendo unas copas de vino y unas cervezas. El tiempo pasó volando y es que no siempre es aburrido hacer las cosas que hacían nuestros abuelos cuando no había tantas opciones para el ocio.